Video con lo más destacado de la encerrona de Álvaro García esta tarde en Sanse I ISMAEL DEL PRADOlinea-punteada-firma1

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Llevaba meses esperando que el reloj enfilara esas cinco y media de la tarde de este primer día de abril. Sin mácula en el calendario aún. Decenas de tardes por escribirse aún. La temporada que no cesa. Atrás ya las noches en vela, sazonadas de miedos, nervios, incertidumbre e ilusiones en un mismo cuerpo. El alma al aire. Sin máscaras. Ese caleidoscopio de sensaciones que es el toreo. Su verdad. Sin trampa ni cartón. El reto del que quiere ser. Álvaro García lo afrontaba todo esta tarde. En su Sanse natal. Al abrigo, que no se echaba de menos, en una tarde más otoñal que primaveral, de su gente. Casi media entrada para su encerrona benéfica. Gesta con gesto de la que salió con cuatro orejas y que tuvo sus puntos álgidos en el tercero, encastado novillo de López Gibaja que lo volteó por dos veces en una faena con emoción, y el noble quinto, de Sayalero y Bandrés, al que desorejó.

Bastito de hechuras, gordo y bizco del pitón izquierdo, ese quinto de Sayalero y Bandrés tuvo mucha nobleza. El animal tuvo clase y repitió con codicia en la muleta de Álvaro García. Destacó un notable comienzo con ayudados por alto, que abrochó con dos más por bajo y el pase del desdén. Y es que, con la salida en hombros asegurada, se vio al novillero más relajado y dejó tandas en las que corrió bien la mano. Lo mejor, por la izquierda. Tandas de cinco o seis naturales, ligados, hubo profundidad y, sobre todo, temple para acompasar la suave acometida del animal. Muy dulce. Largos los de pecho. Estocada algo contraria y dos orejas.

Alto de agujas y ensillado, el negro listón que hizo tercero, de López Gibaja, fue un novillo encastado. Con mucha transmisión. Empujó con los riñones en el peto hasta derribar y se llevó otro puyazo más. Meritorio, el quite por gaoneras. Pronto y con alegría en banderillas. El comienzo de faena también nos hizo concebir esperanzas. Pegado a tablas, ganando terreno en cada muletazo, hasta sacárselo a los medios, con gusto. Dos buenos trincherazos. La tomaba con ritmo y cadencia y Álvaro García le ligó dos buenas tandas en redondo. Todo en los mismos medios.

Se echó la mano a la izquierda y en el tercer natural se venció por dentro. Lo levantó por la corva y lo zarandeó, en el suelo, se quedó entre las astas a merced. El animal no hizo por él. Ni un derrote. Se volvió a poner con la izquierda y directo de nuevo al cuerpo. Otra voltereta. De nuevo por la corva. Idéntica. Continuó por la derecha, pero con el utrero orientado ya no fue lo mismo. Enterró media tizona en muy buen sitio y llegó la primera oreja.

Otro trofeo logró del colorado cuarto. De buenas hechuras y de mazorca muy fina, el novillo de Miguelín tuvo bondad. Le faltó una brizna de raza, pero sirvió a Álvaro García, que logró los mejores pasajes de su solo en Sanse. Ya desde el vistoso quite por navarras. Cinco y revolera. Luego, en la muleta, hubo acople y ligazón por ambos pitones. Esfuerzo del madrileño que terminó metido entre los pitones. Cómodo en esas cercanías, con el colorado a centímetros de las tablas. Le robó ahí un puñado de derechazos más en un palmo de terreno y el circular. Sin enmendarse. Se volcó sobre el morrillo y hundió el acero. Estocada caída y la Puerta Grande asegurada.

El sexto, bajo, corto de manos y acapachado de cuerna, también tuvo calidad. Novillo bueno, de dulce embestida, aunque le faltó un poco más de raza, con el que Álvaro García pudo disfrutar. A placer, hubo tres tandas de derechazos muy encajado, vertical. De buena composición. Por la izquierda, bien acoplado, también hubo entendimiento entre ambos. Lástima que al de Fernando Peña no le durara más el motor. Con los deberes hechos, el diestro de Sanse optó por tomar la espada. Pinchazo, estocada y vuelta al ruedo final.

Acucharado de cuerna, gacho, aunque más hondo, el segundo salió con muchos pies. Tuvo movilidad, aunque sin franqueza. Buena lidia de El Ruso. Parca en capotazos. Hizo hilo en banderillas. Apretando lo suyo para dentro. La faena después fue un quiero y no puedo. Tras un comienzo por doblones, se acobardó una barbaridad y Álvaro García tuvo que provocarle siempre la mortecina embestida. Soso y andando, las pocas veces que pasaba el novillo. El sansero resistió miradas y parones, porfió, pero no había más que extraer. Rajado, terminó huyendo despavorido a la querencia. Lo despachó de pinchazo, estocada y descabello. Ovación tras aviso.

Salpicado de armónicas hechuras, rompió plaza un utrero de Pérez Tabernero que salió suelto y a su aire en los primeros tercios. No le dejó estirarse a la verónica en los de recibo, pero luego se resarció con un ceñido quite por chicuelinas. Ahí, en el tercer lance ya blandeó el animal, al que no le sobraban las energías. Cortó en banderillas, donde arrolló a Sebastián Pereira en el primer par. Paliza buena. Pero, por fortuna, el pitón no encontró carne.

Luego, el novillero lo dejó a su aire en los primeros compases del trasteo. Sin atacarlo, para después robarle dos buenas tandas, una por cada pitón, más macizas. Fue lo que pudo templar, porque el astado, que siempre se rebrincó y tendió a puntear los engaños, se vino a menos a pesar de tomarlos con codicia. Borrón con la espada, que hizo guardia.

logo-mundotoro-fichas-crónicas Plaza de toros de La Tercera, San Sebastián de los Reyes (Madrid). Menos de media entrada. Novillos de -por orden- Pérez Tabernero, Sayalero y Bandrés (2º y 5º), López Gibaja, Miguelín y Fernando Peña. Desiguales de hechuras y presentación, aunque terciados en general. Destacó el 3º, encastado y con transmisión. Con nobleza y bondad, 4º y 5º. El 1º, rebrincado y a menos, duró poco; el 2º, muy rajado; y el 6º, con clase, pero se vino a menos. logo-mundotoro-fichas-crónicas
Álvaro García, único espada, silencio, ovación tras aviso, oreja, oreja, dos orejas, vuelta al ruedo.